La muerte del masón Joan Prim

LaVanguardia.com reproduce hoy un despacho de la Agencia Efe donde se exponen las conclusiones de la comisión formada por expertos de la Universidad Camilo José Cela que han estudiado el cuerpo embalsamado del general Joan Prim i Prats, francmasón y presidente del gobierno español entre septiembre de 1869 y diciembre de 1870. 

Joan Prim i Prats

Joan Prim, por Luis de Madrazo

Según estos expertos, es “prácticamente imposible” que Joan Prim sobreviviera tres días a las heridas de bala causadas por el atentado de que fue objeto en la calle de Turco de Madrid en diciembre de 1870, como se aseguró en su día.

Los miembros de la comisión han encontrado en la momia del general señales “compatibles con una posible estrangulación a lazo”, lo que sugiere “una necesidad de los asesinos de Prim no permitir la recuperación del mismo, del que asustaban tanto su fortaleza física como su fortuna de salir indemne”.

Las investigaciones cuestionan “el falso comunicado del gobierno de la época, que hablaba de heridas leves”, señalando también que Joan Prim fue “suplantado por sus asesinos, quienes, deliberadamente, faltaron a la verdad en un discurso a la nación sobre la gravedad de sus heridas y engañaron al rey Amadeo I“.

Nacido en la ciudad catalana de Reus en 1814, Joan Prim i Prats fue francmasón, si bien lo que se conoce de su pertenencia a la Orden “es indirecto y procedente de fuentes masónicas y antimasónicas”, según señala el historiador de la Masonería José Antonio Ferrer Benimeli en el libro Jefes de gobierno masones. España 1868-1836.

En un extracto de la mencionada obra de Benimeli que reproduce el sitio web del Museo Virtual de Historia de la Masonería de la Universidad Nacional de Enseñanza a Distancia, hallamos el siguiente pasaje, donde Galdós describe el velatorio del cuerpo de Prim en la Basílica de Atocha:

“Yacía el cadáver del héroe de los Castillejos en una capilla de las primeras a mano izquierda. Los masones, que eran unos treinta, pertenecientes al Gran Oriente Nacional de España, dieron comienzo a la ceremonia, sin que nadie les estorbara en los diferentes pasos y manipulaciones de su extraño rito. Lo primero fue hacer tres viajes alrededor de la caja, formados uno tras otro. El primero y segundo viajes iban dirigidos por los dos primeros Vigilantes de la Orden; en el tercero iba de guía el Gran Maestre. Al paso arrojaban sobre el cadáver hojas de acacia. Luego, el propio Gran Maestre dio tres golpes de mallete sobre la helada frente de Prim, llamándole por su nombre simbólico. A cada llamamiento, los masones, mirándose con gravedad patética, exclamaban: «¡No responde!». Después formaron la cadena mística, dándose las manos en derredor del muerto. El Vigilante declamó con voz sepulcral esta fórmula: «La cadena se ha roto». A continuación, el Gran Maestre pronunció un breve discurso apologético”

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Una respuesta a La muerte del masón Joan Prim

  1. Juan dijo:

    Gracias de verdad la mejor informacion 😉

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