La GLSE reclama a la Justicia española una acción eficaz y rápida contra la corrupción

La noticias relacionadas con la corrupción en el ámbito político que asaltan a diario las portadas de los periódicos españoles, están creando un estado de creciente indignación entre la ciudadanía, por no hablar de la pésima imagen del país que estos lamentables hechos proyectan en el exterior. Lógicamente, la Masonería no permanece ajena a este estado de indignación.

Como hiciera en su día la Federación Española del Derecho Humano, la Gran Logia Simbólica Española ha difundido un comunicado al respecto. El texto, fechado el pasado 5 de febrero, recuerda entre otras cuestiones que “la democracia no es ni puede ser jamás la concesión a unos cuantos de una patente de corso para enriquecerse durante cuatro años o más”, y reclama “una contundente, eficaz y sobre todo rápida acción de la Justicia”.

Por su indudable interés, a continuación reproducimos el texto íntegro del comunicado de la Gran Comisión Permanente de la GLSE:

Comunicado ante la corrupción

La Gran Comisión Permanente de la Gran Logia Simbólica Española (G.·.L.·.S.·.E.·.), organización de la Masonería Liberal y Adogmática de nuestro país, manifiesta su alarma por los acontecimientos que está viviendo España y que suponen, sin la menor duda, uno de los más graves casos de descrédito de los representantes políticos, una burla a la confianza ciudadana y un desprestigio para nuestro país justo en unos momentos especialmente delicados y que requieren de una gran responsabilidad y compromiso.

La democracia se basa en un pacto social según el cual los ciudadanos eligen a quienes consideran mejores para gestionar los asuntos públicos y representarles durante un periodo de tiempo previamente acordado. La democracia no es ni puede ser jamás la concesión a unos cuantos de una patente de corso para enriquecerse durante cuatro años o más. La democracia tiene su fundamento en la confianza que los representados tienen en sus representantes y en la lealtad de éstos hacia quienes les han elegido.

Cuando esa confianza se traiciona y esa lealtad desaparece, el prestigio y la legitimidad moral de la clase política se derrumban, y el cimiento mismo de la democracia se pudre. Es lo que, en opinión de la Gran Comisión Permanente de la G.·. L.·. S.·. E.·., está sucediendo ahora. Y es más que sabido qué sucede cuando, en un Estado de Derecho, la clase política pierde su prestigio porque se transforma en una especie de casta que deja de servir a los intereses de todos para servir sólo y nada más que a sus propios intereses. Basta repasar la historia del siglo XX para comprobar que esa ha sido siempre la antesala del totalitarismo.

La Gran Comisión Permanente de la G.·. L.·. S.·. E.·. reclama, pues, una contundente, eficaz y sobre todo rápida acción de la Justicia, que ahora más que nunca debe demostrar su tantas veces cuestionada independencia y proceder de inmediato contra quienes se pruebe que han actuado delictivamente en el ejercicio de sus responsabilidades políticas.

La Gran Comisión permanente de la G.·.L.·.S.·.E.·. reclama a los partidos políticos sin excepción alguna, que hagan cuanto esté en su mano para denunciar y expulsar de sus organizaciones a todos cuantos hayan tomado parte en prácticas corruptas. Sean, una vez más, cuantos sean y quienes sean. Porque los partidos son elementos esenciales en el funcionamiento democrático, y sólo con su limpieza y regeneración podrá la clase política recuperar su prestigio perdido y su representatividad moral. Sin eso, la democracia tal y como la entendemos será una simple ficción.

La Gran Comisión Permanente de la G.·.L.·.S.·.E.·. pide además a los medios de comunicación que, en este momento tan grave, sirvan ante todo a los intereses de los ciudadanos; que informen con veracidad, objetividad y exhaustividad, sin negar u ocultar la realidad ni manipular los hechos en beneficio de unos u otros partidos, grupos de poder o intereses particulares. Sólo de la difusión y del conocimiento de la verdad puede surgir la regeneración ética que necesita ahora mismo nuestra nación.

La Gran Comisión permanente de la G.·. L.·. S.·. E.·. pone de manifiesto, por último, su más absoluta fe y lealtad hacia el sistema democrático y el Estado de Derecho que los españoles nos dimos a nosotros mismos con la Constitución de 1978. Reclamamos las mejoras necesarias que impidan la proliferación de quienes se aprovechan del sistema para su propio lucro o beneficio, pero, frente a quienes propugnan derribarlo todo para que aparezca, como tantas otras veces, un “salvador de la patria”, seguimos pensando que el sistema de libertades y el pacto democrático entre los ciudadanos es la mejor manera de gobernarse que los seres humanos han inventado desde el principio de los tiempos. Siempre lo hemos defendido y siempre lo defenderemos.

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