La masonería y el Dos de Mayo

El 2 de mayo de 1808, una protesta popular surgida en Madrid ante la situación de incertidumbre política generada tras el Motín de Aranjuez, y que fue fuertemente reprimida por las fuerzas napoleónicas, se extendió por toda España en una ola de proclamas y llamamientos que desembocarían en la Guerra de Independencia Española.

En un artículo de opinión en el diario El País, el periodista Ricardo Cantalapiedra considera que en esa jornada “el pueblo se echó a la calle y los héroes cayeron como moscas. En realidad, la plebe no sabía muy bien de qué iba la vaina. Los madrileños fueron azuzados y engañados por los inquisidores y el sector más cavernícola de la sociedad, que temía quedar sin sus privilegios a manos de José Bonaparte y la Ilustración”.

El articulista considera que “el Dos de Mayo es un buen día para honrar a las numerosas instituciones y personas que surgieron en contra de reyes corruptos y gobernantes jurásicos. Entre esas instituciones está la masonería, que nos llegó de Francia, precisamente. Uno de los grandes testigos del levantamiento popular frente a los galos fue el pintor Francisco de Goya, que se hizo luego masón y murió en Francia en el exilio”. Los masones, considera el autor del artículo, “han colaborado eficazmente a la modernización de España. Por eso resulta inaceptable la antimasonería del franquismo y sus secuaces”.

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Una respuesta a La masonería y el Dos de Mayo

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